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Estamos en el año 1918. Aconsejado por algunos buenos amigos, Jaime Gilabert toma la determinación de cambiar de negocio y es entonces cuando se constituye el almacén Fustes Jaume Gilabert, situado en un solar de la calle Mallorca de Barcelona, prácticamente al amparo de las espectaculares torres del templo que Gaudí dedicó a la Sagrada Familia.

El cambio brusco de orientación, de la música a la madera, fue posible gracias a la ayuda incondicional que le ofrecieron unos amigos de Bellver de la Cerdanya. De los espléndidos bosques de esa comarca llegaron los primeros troncos de pino del Pirineo que se serraron en las recién inauguradas instalaciones de Fustes Jaume Gilabert.


A pesar de todo, los primeros años fueron difíciles. Jaume Gilabert y sus tres hijos, entonces muy jóvenes pero plenamente integrados en la empresa desde su fundación, dedican a ello todas sus energías, del amanecer hasta la puesta del sol, día tras día, laborables y festivos.

En el año 1920, sólo dos años después de la inauguración del almacén Jaume Gilabert toma la decisión de abandonar definitivamente la música ya que el trabajo con la madera le restaron sensibilidad en sus dedos. Durante el período 1925-30, el negocio empieza a crecer, a expansionarse debido sobre todo a las importaciones de pino silvestre, procedente de la isla de Córcega, y más adelante con el Flandes que llega de Suecia.
 
 

Podemos decir que el almacén Fustes Jaume Gilabert está ya consolidado.jaume Gilabert i Ruich murió el año 1932, a los 54 años de edad, un hecho inesperado que obligó a sus hijos, Paco, Jaume y Joaquim, a tomar las riendas del negocio.
llegaron tiempos de guerra...
Los efectos del estrago de la Guerra Civil como a un amplio sector de la población fueron acusados por la familia Gilabert en su
 doble vertiente empresarial y personal.  El almacén, como tantas otras entidades industriales y comerciales, fue requisado y convertido en depósito de material móvil. Por otro lado, los tres hermanos se incorporan al ejército de la República y se les envía a la compañía forestal con sede en Solsona. Una vez, finalizado el conflicto fueron retenidos en campos de concentración. Sólo les fue posible recuperar la libertad al recibir de los amigos y proveedores suecos los avales indispensables para regresar a Barcelona y reemprender la dirección del negocio. Es en el momento de la reanudación, a mediados del año 1940, en que, como si real-
mente se fundara de nuevo la razón social, ésta cambia de nombre. En adelante, se llamará Vídua de Jaume Gilabert.
Desde Enero de 1993, la empresa actúa bajo el nombre de Fustes Gilabert S.A.
Volvamos a la difícil etapa de la posguerra.
 Ante la imposibilidad de importar nuevamente madera del norte de Europa, en especial flandes sueco, se debe recurrir como elemento básico de subsistencia al pino de Pirineo y el pino negro de Galicia. En aquellos tiempos, las partidas llegaban en troncos enteros, sin desbastar, que debían serrarse luego para convertirlos en vigas, tableros, etc. La necesidad de manipular adecuadamente la madera aconsejó, en el año 1942, la adquisición de un nuevo local en la calle Padilla 210,  donde se instala la sierra. De algún modo, y pese a que la compra del terreno de Padilla se realizó empujados por las circunstancias, no hay duda de que incluso viviendo una etapa muy complicada, la empresa Gilabert crecía.

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